El 8 de abril de
1730 se fundo la misión de San José del Cabo, por el jesuita Nicolás Tamaral
quien previamente había fungido como ministro en La Purísima, junto con el
padre visitador José Echeverría, quien se hallaba por esos días ejerciendo su
comisión en nuestra California.
El asentimiento original estuvo ubicado junto al estero, a pocos kilómetros de
la costa, en el lugar que aún hoy es conocido como “La Misión”, pero hubo de
ser cambiado, entre otras razones por la abundancia de mosquitos, a lo que ahora
es el pueblo de San José Viejo; luego a Santa Rosa y al final a donde
actualmente se halla la parroquia.
“Al principio dice don
Pablo L. Martínez en su Historia de Baja California, los indígenas se
escondieron y no daban la cara a los recién llegados, no obstante que el
capitán Esteban Rodríguez Lorenzo, en visita hecha al lugar el año anterior,
había tenido oportunidad de ver gran cantidad de naturales.”
Agrega que “inició el padre su
obra de catequización en medio de mil esfuerzos y dificultades pues, como ya se
ha hecho notar, estos pericúes de la región sur resultaron ser de los más
renuentes a la penetración española.”
El nombre de la nueva fundación
fue impuesto en honor del marqués Joseph de la Puente y Peña, marqués de
Villapuente, importante patrocinador de la obra jesuítica californiana, y se le
añadió “del Cabo” para diferenciarla de San José de Comondú, que había sido
erigida varios años antes.
La misión de San José del Cabo
adquirió enorme importancia estratégica ya que en ella era aprovisionado el
galeón de Manila (o nao de China) de agua y alimentos frescos a mitad de su
travesía entre Filipinas y Acapulco con mercaderías de oriente.
Motivo de disgusto
permanente de la población indígena era la intromisión de la cultura
euro-cristiana en sus hábitos, costumbres y tradiciones; uno de éstos era la
poligamia, o sea el derecho de los hombres de convivir con dos o más mujeres.
Por supuesto, la moral de la religión que se pretendía introducir era opuesta
a ello, y fue causa principal de la más vigorosa y larga insurrección de
cuantas hubo durante toda la presencia extranjera en la Antigua California. Se
inició el 1 de octubre de 1734 en la misión de Santiago donde se dio muerte al
padre poblano Lorenzo Carranco, y prosiguió a San José del Cabo antes de
extenderse a todas las fundaciones californianas; en el segundo acto de ella
fue sacrificado el padre Tamaral, dos días después, en Santa Rosa.
La rebelión de los californios
fue finalmente aplacada en 1736 con refuerzos yaquis traídos de Sonora al mando
del capitán Bernardo Huidobro, a raíz de lo cual fueron construidos, en el
sitio denominado Añuití en lengua indígena, el presidio o fortificación militar
y el templo que conocemos en la actualidad, alrededor del cual creció la
población josefina hasta nuestros días.
Palacio Municipal San José del
Cabo, fue fundado en 1730 y en 1980 fue nombrado cabecera del municipio,
dándole más importancia económica a la zona, además de la gran afluencia
turística que ofrece.
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